3 capitulo - SENSACIONES :
Salí de la cabaña
durante el alba. Ya que no dormíamos me aburría mucho no hacer nada.
Estuve muy avispada
durante toda la mañana y el mediodía. Sin embargo, no conseguí ninguna presa.
No era mi día, bueno, hasta este momento pensaba eso.
Volví a la cabaña y
no había nadie. Algo que no era difícil de descifrar ellos nunca llegaban de
cazar a esta hora.
Entonces, me dirigí
hacia las cataratas a nadar un momento para luego ir hasta la ciudad y clavarme
algunos días allí. Si hacia esto evitaría unos días a Uriel y, no me aburriría
tanto. En algunas ocasiones es excitante pretender ser algo que no eres.
Esta vez no fui a
toda velocidad, esta vez fui caminando. Tenía puestas unas botas que al
terminar mi viaje acabaron repletas de lodo. Las mire y sonreí – tanto las
cuide para esto-
Al llegar a Iguazú lo
primero que hice fue treparme a un árbol y me tome un tiempo para observar a
Uriel y Amón, quienes estaban hablando sentados bajo el sol. Y a Selene, quien
seguía siendo tan angelical como antes de que la desterraran.
Se veía tan tranquila
su imagen, me daba pena interrumpirla.
Pero, algo andaba
mal. No podía creer que no les importara que los vieran. Para mi asombro no
había gente en el lugar pero seguía siendo riesgoso. No tenían noción de lo que
podían causar. Si alguien los viera notaria nuestro excéntrico comportamiento.
Nadie podía mantenerse tan cerca de la garganta del diablo sin morir. Además,
¿Qué hacían aquí a esta hora? ¿No deberían estar cazando?
Entonces, cuando
decidí avisparlos, escuche un ruido en unos arbustos no muy lejos de mí. Baje
un par de metros. Pensé que quizás seria una ardilla. Es muy común escuchar sus
quisquillosos ruidos. Pero, lo que veían mis ojos no era una ardilla, un
zorrillo o un felino gigante.
Logre ver lo que era
un ángel. Estaba mirando a los muchachos. Lo primero que pensé es que iba a
intentar matarlos. Mi desconcierto con este hecho fue aterrador. Me quede tan
quieta como un poste de lo sorprendida que estaba de verlo allí. Sin miedo.
Desafiante. No dude en atacarlo.
De un salto me pose
detrás del iluminado, tome su brazo y lo lance varios metros detrás de mí. En
ese momento me mostré rígida, sin virtud alguna, solo saque mi demonio de
adentro. Lo único que pensé fue ‘por mi familia, todo por mi familia’. Cuando
el aterrizo me subí encima suyo. Pero no logre ver su rostro ni sentir nada de
su cuerpo solo sentía el demonio dentro mió, los recuerdos de mi vida, el odio
puro en todo su aspecto.
El tampoco se mostró
agazapado. Creo que lo rápido que fueron los movimientos no daba tiempo a ni
siquiera sentir aliento alguno. Me tomo del cuello y me dio una patada tan
fuerte que aterrice en un tronco. Entonces me miro y colapso. Se limito a
volverme a atacar. En eso se escucho un grito
-
Bastian, no-
grito Selene
-
– ya para –
Uriel lo atajo -déjala-lo obligo entre dientes
-
Mikaela, que
forma de recibir a la familia- dijo Amón desconcertado
-
¿fa… familia? –
tartamudee
-
Si- contesto
Selene mientras me ayudaba a levantarme del suelo.
-
Parece que no
vas a cambiar tu forma de estar todo el día a la defensiva- una mirada de
recelo vino de Uriel
-
No entiendo
porque tienes ese concepto de mi- lo mire y sonreí. Hace un mes no hablábamos.
Estaba contenta por ese simple intercambio. El me devolvió una sonrisa también.
Fue como, una conciliación.
Pero fue entonces que me di cuenta que Bastian estaba allí. Deje de
mirar a Uriel y mis ojos directamente enfocaron a Bastian.
-
Siento mucho
haberte atacado Bastian, por cierto, soy Micaela- le lance una sonrisa amigable
y extendí mi mano para que la estrechara.
-
No te preocupes,
indudablemente hubiera hecho lo mismo- sus ojos se veían desconcertados. Parecía
que no tenía intenciones de mirarme – es difícil socializar con seres de su
tipo- suspiro y tomo mi mano.
Este último acto me sobresalto en todos los sentidos. Al apretar mi
mano, logre captar el latido de su corazón. Este órgano fue tan salvaje que
logro golpear el mió. Algo que hizo que me agazape al instante. Este acto duro
la mitad de un segundo, pero, hubiera jurado que fue mucho mas que eso.
Cuando solté su mano me eche para atrás y encogí de hombros. El calor
de su cuerpo me hizo sentir acalorada, un estado que hacia tiempo no sentía.
La carne de su mano era tan mullida. Era un efecto almohada comparada
con mi rígida capa de cristal que usaba como piel.
Selene se dio cuenta al instante de la rareza de mi acto. La forma en
que mis ojos se perdieron por un momento la hizo darse cuenta que algo anduvo
mal conmigo en ese instante entonces, rompió el hielo.
-
eso suena
racista Bastian- logro captar su mirada al instante.
-
Yo podría
hacerlo mejor- alardeo Uriel mientras se cruzaba de brazos.
-
Por favor, en
algún momento… ¿podrías dejar las estupideces?- Amón lo miro indiferente al
igual que Selene, quien fruncía el ceño.
-
¿Qué?- pregunto
Uriel, como si no supiera cuales habían sido sus últimas palabras.
-
Creo que mejor
vamos a la cabaña- sugirió Selene.
-
Si, esta bien. Síguenos,
Bastian- lo invito Amón.
Comenzaron a caminar hacia la cabaña. Parecía que Selene había evadido
bien la situación para que Bastian no notara la rareza de mis actos. Pero, no debería
ser difícil notarlo. Fue muy obvia mi reacción al tocar su tacto.
Uriel se dio cuenta de que me quede algo desconcertada. Asi que, dejo
que los chicos siguieran y retrocedió para averiguar sobre mi estado.
-¿Qué sucede?- susurro. Sus ojos eran invisibles, se notaba lo
preocupado que estaba por mi desconcierto.
- es que… - suspire – nada, no importa- claro que importaba.
-¿estas segura? Micaela, a pesar de todo, sabes que cuentas conmigo
¿verdad?- obviamente el no creía en mis palabras. Mi actuación no fue tan buena
en esa oración.
-quédate tranquilo- sonreí – claro que lose, Uriel- mi expresión había
mejorado- estoy bien, es solo que hoy no conseguí presa- la excusa perfecta o
mas bien creíble.
-bueno, sigamos entonces-sonrió y mostró su perfectos dientes.
Uriel tomo mi mano con fuerza para que lo acompañara. Mientras caminábamos,
quiso comenzar otra charla.
-
es increíble lo
que puede hacer el hambre- el bosque nos había tapado por completo. No entraba mínimo
rayo de luz.
-
Si, muy pocas
veces me sucede- le explique – por esto volví temprano- era verdad. Pero, el
desconcierto me lo estaba causando Bastian.
-
De seguro le
causaste una espantosa primera impresión a Bastian- comenzó a reír a carcajadas
– podría haberte matado si el hubiera querido- se podía escuchar el recelo en
sus palabras – no entiendo porque no lo hizo- se mostró curioso.
-
Si, no importa-
suspire- no lo hizo, eso es lo que importa- era verdad, yo no fui rápida en ese
momento. Si el hubiera querido matarme lo hubiera hecho sin dificultad alguna.
-
Si te hubiera
lastimado- sonrió- ¿hace falta que lo explique? –su tono de voz fue muy
abrumador.
Pare de caminar y solté su mano. Esto hizo que Uriel pare de caminar y
se voltee a mirarme.
-
Uriel, si vas a
empezar de nuevo es mejor que…- realmente yo si estaba abrumada. No podía tener
una conversación normal con el.
-
Mira Mikael,
yo…- no lo deje terminar.
-
No- le grite-
esta vez me vas a escuchar tu a mi- el tono de mi voz se volvió temeroso de
alguna u otra manera – aprecio todo lo que haces por mi- era verdad, me gustaba
que fuera atento- pero no aprecio que te adueñes de mi. Hablas como si tuvieras
derecho a mi- comencé a bajar el tono de mi voz – Uriel realmente te quiero,
pero no así. Y, - suspire- no quiero tener que irme por algo que ya eh
planteado. No quiero dejar de verte. Eres mi hermano- tome su mano - ¿podrías
intentar no… no ver mas allá de lo que es?- me callo una lagrima. Una muy
sincera. Su rostro no tenía expresión solo, me miraba. Hasta que bajo su
mirada.
-
Okay, yo… -
sonrió- no esperaba eso- estaba muy sorprendido – sabes, nunca había visto
hasta donde llegaba tu egoísmo- me miro desilusionado.
¿Realmente estaba
hablando de egoísmo? Egoísta seria pretender quererlo cuando no es así. Egoísta
seria sacarle la oportunidad de ser realmente feliz.
-
¿de que hablas?
– grite una vez mas – no lo puedo creer – una sonrisa de nerviosismo salio de
mi- no cambias mas- negué con la cabeza.
-
Eres increíble,
mejor paremos aquí- sugirió - ¿o prefieres seguir siendo el espectáculo? – con esta
ultima frase desapareció.
Selene, Amón e
indudablemente Bastian estaban mirando nuestra discusión. Yo no lo había
notado. Seguramente habían escuchado mis gritos.
No sabia realmente
donde estaban, podían estar en cualquier parte inmóviles como cualquiera de
estos árboles. Lo único que se me ocurrió, como sabia que no iban a mostrarse,
fue dedicarles unas palabras.
-
no puedo creer
que siempre se entrometan entre nosotros, cada vez que tenemos un problema están
ahí- lloriquee. Estaba algo perturbada, me sentía culpable por como trate a
Uriel. Además de sentirme culpable por no corresponderle.
-
Basta Amón. No
quiero que hables de mí con Uriel en ninguna otra ocasión. No estoy enojada la
verdad. Si molesta. Sin embargo, no quiero hablar mas del tema- así termine mi
discurso y corrí a la cabaña.
Cuando llegue a la
cabaña subí las escaleras con rapidez y encare directamente mi cuarto. Cerré la
puerta y suspire. Inmediatamente me di cuenta que me había equivocado. Puse
todo mi enojo contra Amón, no recordaba bien lo que había dicho pero en ese
momento me pareció que hasta me sobrepase con Bastian. Ninguno tenia la culpa
de lo que sucedía. Esto era entre Uriel y yo.
Llego la noche,
estuve bastante tiempo pensando.
Primero, pensaba en
Uriel. Y segundo, Bastian quien me había dejado totalmente desconcertada de
todas las maneras y formas que se pudiera imaginar
A penas alguien entro
a la casa baje las escaleras a toda velocidad. Debía disculparme. Y, si llegaba
a ser Uriel definitivamente daría marcha atrás porque no quería cruzarlo.
- Amón, Selene, yo… -
al levantar mi vista, note que no era Amón ni Selene. Acababa de entrar Bastian
– lo siento – me moría de vergüenza. No entendía la razón, yo no había hecho
nada vergonzoso – pensé que estaban los chicos. Yo… - me puse muy nerviosa- lo
siento- suspire.
- no necesitas tantas
disculpas- sonrió gentilmente – guárdalas para cuando sea necesario.
- ¿Qué insinúas? –
era obvia la indirecta.
- Selene y Amón te
comprenden pero, Uriel no lo hará- negó con la cabeza mientras se sentaba en el
sofá.
Al verlo sentado,
creo que esta imagen me causo confianza. Me dirigí hacia el y me senté a su
lado. De repente, Bastian de una visita paso a ser mi psicólogo.
-
es solo que, se
cree tan perfecto que, no logro hallar perfección en el- me mostré indiferente
– es como un niño mimado- la descripción mas adecuada.
-
Se a que te
refieres- hizo una mueca – no es fácil lidiar con alguien así, pero tampoco es
difícil- quería parecer idóneo, algo que no le salía bien.
-
Sonreí – si
fuera mas fácil ya hubiera cesado en su actitud- me mostré triste
-
Si la vida fuera
fácil no tendría sentido- poso su mano en mi hombro. Esto me hizo sentir escalofríos
y hormigueo. Era extraño esta sensación no la tenia desde que había muerto – el
tiene un extraño concepto de persevera y triunfaras que no quiere sucumbir en
ello- saco su mano. No me mostré repulsiva ni extraña cuando su calor emanó en
mi cuerpo. Pero, cuando saco su mano me achique de hombros. El lo noto, pero no
dijo nada al respecto.
-
Creo que mejor
subo, debo darme una ducha- me pare y comencé a alejarme de el – luchar contigo
me ha arruinado la ropa- dije en forma de chiste.
-
Me hubieras
preguntado si era o no inofensivo- sonrió.
Cuando me dirigía
hacia las escaleras quise echarle un vistazo antes de subir. Ya que, todo este
tiempo había estado cerca de el y, jamás lo había examinado.
Mire hacia el sofá.
Para mi sorpresa el estaba esperando que voltee. Al mirarme asintió la cabeza
para despedirse. Finalmente me voltee y subí.


